Un blues en MI

Pentagrama en clave de sol dónde se ve el acorde mi menor bemol séptima con quinta bemol. También hay otras notas en el pentagrama, a la izquierda y derecha de MI.

Probablemente algo ebrio, una noche de otoño, sentado fuera de la carpa, en aquel inhóspito llano entre sierras, me porfió su irrefutable revelación:

-El silencio no existe.-

Meses después, nos enterábamos que tenía tinnitus*. En este caso, un pitido agudo audible solo por él, que no provenía de fuente externa alguna. Supimos, luego de unas sesiones experimentales, que ese pitido estaba en la nota “Mi”. Mi, reproduciéndose inagotable, constante y pareja de sol a sol. Más tarde, que esa nota, en determinada octava del piano, ya no convenía hacerla sonar a secas, pues aunque vaticinara un posible blues, ahora además desencadenaba dolor.

Si dormir se había vuelto una odisea gracias a los acúfenos*, soñar, mucho más. Descansar era una palabra en otro idioma. La irritación inaugurada por el pitido había traspasado el umbral de lo tolerable; ya todos en la casa habitábamos el fastidio y casi todos el silencio.

Por suerte un día, el tinnitus se fue con su humano a dónde no hay mutismo y sobra sordera. Maldito tinnitus, también se llevó el piano.

El blues ya afónico se partió de cuajo. No sonaba ni a roto. Pero con el tiempo, poco a poco, volvió en Mi ese ritmo tosco. Evidenciando vibrante, con alboroto, que adentro y afuera existían, además del silencio, otras melodías.

 

 

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* Acúfenos/tinnitus

 

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