Sin perder el hilo

Madeja de hilos y tejidos enredados en blanco y negro

 

Un cosquilleo, una molestia, una llamada de atención en el dedo chiquito del pie, le dio pie a encontrarse con una hilacha suelta.

Jalarla suave, notar que cedía con leves trabas al cambiar de hilado, mientras se destejía. Iba por la cintura cuando observó, entre su tronco y la nada, un bollo enmarañado de lana, hilo de algodón y sintético, cobre y otros metales, fibra vegetal en partes ínfimas. Continuó hasta quedarse sin manos ni brazos. Siguió tironeando con la boca. Cuando al maxilar inferior se le evaporó la trama, solo pudo parpadear algunas veces.

Pronto llegaron unos pájaros que le picotearon los ojos y lo que quedaba de rostro. Entre un revuelo de plumas y pelusa, lograron desanudar lo que restaba y se llevaron el cuerpo hecho trizas y enredado a distintos nidos.

Dicen quienes romantizan todo, que cada vez que se oye un piar atolondrado, es el alma en pena de la persona que se destejió a sí misma. Pero no, son pájaros de la noche, que oímos cantar y nunca vemos.*

 

* “Son pájaros de la noche que oímos cantar y nunca vemos” es una frase dentro de la canción Juguetes Perdidos, del grupo Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, del álbum Luzbelito (1996).

 

.