Lavado

Lago con muelle y gotas en blanco y negro

Gris el cielo, nublado el pensamiento. Ese silencio propio de la incertidumbre, de la espera.

Opaco el viento, arrimó las primeras gotas indecisas. Sonoras todas al estrellarse en la superficie en suerte, cada vez más veloces y agresivas, comenzaron a lavar el paisaje.

Los árboles llovidos, goteaban color hacia el suelo. Matices de verdes se entremezclaban antes de ser absorbidos por la tierra.

Lentrápidamente se destiñó el alrededor. Apenas unos trazos, algunos contornos, se sostenían de casualidad hasta desvanecerse. Los pájaros se dibujaban en cantos más no en siluetas.

Las personas quedaron inmóviles, sin saber quiénes eran, dónde estaban, ni cómo desplazarse.

Sonó un teléfono que nadie atendió y se perdió en la invisibilidad.

No hubo tinta que repare la imagen. Ni foto para el recuerdo. Un pedazo de un lugar había desaparecido a los ojos de muchos.

Sin vuelta atrás. Sin remedio.

Quedó inmortalizado en la imaginación de quienes se atrevieron a pensarlo y en el recuerdo de los que alguna vez habían pasado por allí.

 

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